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Todos los ángeles alzaron el vuelo

  • 21 ene
  • 2 Min. de lectura


Quien conozca las obras de La Zaranda sabe que va a asistir a una función de extraña poética existencialista, en cadencia pausada y repetida que desnuda unos frágiles seres humanos, errantes, trasunto de los marginados sociales. Una metáfora de la vida que nos dejará tocados.





En una escena vacía aparece un anciano cargado de libros que los arroja al escenario, lee algunos fragmentos, parece que asigna los papeles de los personajes como si fuera el autor o un infortunado dios. En la obra todos son seres perdidos de la sociedad: un camello que sale de la cárcel y se incorpora a su actividad, un proxeneta que explota a dos desgraciadas prostitutas y un pobre loco, a veces lúcido, con referencias al Idiota de Dostoyevski.

Somos testigos de unas vidas sórdidas por las que se cuelan retazos de humanidad, unos personajes que sobreviven el día a día sin futuro. En este drama también encontramos un sórdido humor.

Con escasos elementos de utilería, de múltiples usos, y con una iluminación precisa consiguen la atmósfera que envuelve a los personajes y nos envuelve.


Aunque el argumento no tiene una gran envergadura y hay un momento dramatúrgico que se queda estancado, no disminuye el interés por esos personajes y asistimos a escenas de gran fuerza emocional y visual. La mujer encerrada en el somier de esa cama plegable que se retuerce y se lamenta con paroxismo de su vida aprisionada, del fracaso de sus sencillas expectativas: de ser madre, tener un hogar... resulta impactante. La caracterización del maestro de ceremonias con sus tics y su voz cavernosa, las miradas perdidas de las prostitutas que expresan un vacío en sus existencias o un cuelgue perpetuo, el rostro y gesto libidinoso del proxeneta...


La escena que cierra la función, como es habitual en gran parte de la obra de La Zaranda, es el corolario metafórico que añade un significado más a toda la obra. El silencio llega al final y salimos del teatro un poco más encogidos y, al mismo tiempo, conscientes de haber vivido una inmensa experiencia.



Imprescindibles siempre.





Texto: Eusebio Calonge

Dirección y escenografía: Paco de La Zaranda

Intérpretes: Ingrid Magrinyá, Natalia Martínez, Gaspar Campuzano, Francisco Sánchez y Enrique Bustos

Vestuario: Encarnación Sancho

Ayudante dirección: Andrea Delicado

Iluminación: Peggy Bruzual

Producción: La Zaranda, Teatro Inestable de Ninguna Parte

Teatro: Nave 10 Matadero Del 8 al 25 de enero de 2026

Duración: 90 minutos



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