El entusiasmo
- Jesús Falcón

- 22 nov 2025
- 3 Min. de lectura

"El entusiasmo" es una comedia sobre la cotidianidad absorbente y anuladora de la vida actual y la crisis de la mediana edad, una obra que invita a cuestionar cómo vivimos y si somos libres para cambiar nuestro destino. Las historias juegan con los personajes y con nosotros.

Un matrimonio con dos niños y sus problemas cotidianos, a los que se suma la crisis existencial, a sus cuarenta años: la sensación de no vivir aquello que imaginaban de jóvenes que iban a hacer, la prisión del presente (la maternidad, la paternidad) y lo que se ha dejado en el camino. Distintos personajes se plantearán dudas existenciales, buscarán una salida, se confesarán al psiquiatra, al amigo. ¿Cómo recuperar ese entusiasmo que nos impulsaba de jóvenes a devorar el mundo, a no poner límites al futuro y al momento?
"El entusiasmo" se construye con una dramaturgia en la que se intercala una ficción dentro de otra, los monólogos interiores se escenifican en algún punto, las situaciones y los diálogos se entremezclan y los personajes se narran unos a otros en un recurso metateatral que permite una crítica hacia el otro y un juego de papeles en el que el personaje (como en la vida real) deja de tener la libertad de marcar su destino, forma parte de la narración de los otros.
La obra es muy dinámica y los continuos toques humorísticos surgen por las situaciones que viven los personajes (los niños insufribles, la saturación del psiquiatra, la torpeza o inseguridad absurda del protagonista...) y por el juego dramatúrgico metateatral.
Es una lástima que esa vitalidad tenga dos momentos en los que queda paralizada: el extenso monólogo del prólogo (una joven recuerda, micrófono en mano, su adolescencia y el flechazo por el chico nuevo) y el epílogo que se alarga de forma innecesaria con esa madre en un monólogo que no aporta nada cuando la representación debería tener un final acorde con su ritmo y tono.
Muchos de los elementos que aparecen en esta representación forman parte del estilo de Pablo Remón que hemos ido conociendo en obras como "El tratamiento" o "Los farsantes", sus referencias dramatúrgicas en este sentido: su forma de contar historias dentro de otras historias y su ruptura con la linealidad temporal, el recurso metateatral para enriquecer lo que cuenta, la búsqueda de la identidad y la humanidad de sus personajes, la reflexión existencial y la ironía como pulso que evade el drama. Pinceladas que dejo aquí, sobre las que habría que profundizar algo más.
Maravillosos los cuatro intérpretes en sus papeles. Francesco Carril, protagonista de la obra, con su habitual talento actoral nos representa a un hombre entrañable en su inseguridad sin ocultar su egocentrismo. Natalia Hernández, en su papel de esposa, transmite vitalidad y resolución ante esa vida también avasalladora para ella (contrapeso a la actitud del marido). El yin y el yang.
Raúl Prieto y Marina Salas se multiplican en varios personajes consiguiendo esa dimensión que parece que la compañía tenga muchos más actores (incluso niños). La evolución interpretativa de Raúl Prieto a lo largo de los últimos años ha sido impresionante.
La funcional escenografía de Monica Boromello está muy integrada en el juego escénico (como ejemplo, esa planta de plástico que aparece y desaparece) y añade otra dimensión a la representación escénica al partir de la desnudez inicial y concluir con el hogar familiar ya construido por los personajes con todos sus elementos.
"El entusiasmo", una de esas obras que sorprenden, divierten y se lleva uno a casa.
Texto y dirección: Pablo Remón
Intérpretes: Francesco Carril, Natalia Hernández, Raúl Prieto y Marina Salas
Escenografía: Monica Boromello
Iluminación: David Picazo
Vestuario: Ana López Cobos
Sonido: Sandra Vicente
Ayudante de dirección: Juan Ollero
Producción: Centro Dramático Nacional y Teatro Kamikaze
Teatro: María Guerrero Del 7 de noviembre al 28 de diciembre de 2025
Duración: 125 minutos





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