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Talaré a los hombres de sobre la faz de la Tierra

  • 29 nov 2020
  • 3 min de lectura

Actualizado: 7 feb 2023



María Velasco vuelve su mirada a la agresividad del hombre, también al amor, la soledad, el sexo... Nos arroja su mundo, nuestro mundo, su propio caos para que, en esa interacción que es el teatro a veces, nos provoque y nos cuestionemos la realidad que nos envuelve, la sociedad que consideramos normal o que, simplemente, trágicamente, aceptamos.






Algún apunte argumental. La joven protagonista vive en un hogar separado, su relación con su novio también ha terminado. Durante la carrera ejerce la prostitución para poder pagarse los estudios...


Las escenas se suceden en el caos de la vida de esta mujer que vive la separación, la soledad ("la soledad es una especie invasora"), la educación patriarcal, el sexo que la mujer vende al gusto del cliente. Una joven rodeada de personas solitarias (las dos madres, el padre), personas ejecutoras (el tío policía y putero, los clientes, los profesores...).

Una obra de desarraigo y violencia con un final esperanzador posible: Un mundo en el que la relación mujer - hombre sea diferente, una sociedad que no dinamite a la mujer, un universo en el que el amor, la comunión de ambos, exista desde la igualdad. El abandono, la explotación sexual, la violencia, la educación castrante... es el lugar en el que nadamos.

Aprender de nuevo, volver a la naturaleza, dejar de destruir, abrazar lo que tenemos.



"Talaré a los hombres de sobre la faz de la Tierra" es una obra irregular en interpretaciones, escenas sobredimensionadas, diálogos excesivos. Por poner un ejemplo, casi toda la escena de la presentación de tesis podría haberse sintetizado; comentario aparte, que algunas frases se digan en catalán cuando en ningún momento era previsible por lo expuesto, resulta innecesario y sólo alarga, aburre, la exposición. Frente a esos momentos bajos, nos encontramos con otras escenas geniales como los sueños de madre e hija con Jiménez de los Santos por en medio, la escena inicial de las cenizas o el encuentro de la protagonista con la madre del ex-novio. Y el final de la obra.


No conocía a Laia Manzanares en escena (en la serie "Merlí" no destacaba) y me ha sorprendido con su atractiva interpretación en un difícil papel como protagonista niña - adolescente - adulta. El breve papel de Fran Arráez, como madre del ex-novio, es un regalo interpretativo, lleno de espontaneidad, gracia, humanidad. Beatrice Bergamín defiende bien su papel de madre y la agilidad corporal del bailarín y coreógrafo Joaquín Abella llena de belleza la escena con sus movimientos (esa gran escena final). Por contra, Miguel Ángel Altet es un mal actor que vuelve a ser elegido por María Velasco, decisión que no acabo de entender: su tono monótono y altivo, su actitud pasota y sus escasas dotes gestuales consiguen que el texto de la autora se diluya, pierda fuerza, pasión y significado.


Gran trabajo escenográfico que completa y añade significado al hecho escénico. Con pocos elementos consigue sumergirnos en cada escena. Además, las proyecciones son un apoyo muy bien utilizado.


Magnífica escena final: vital, plena de belleza y significado.





Un apunte final en relación a la realización del streaming. Por decisión de la compañía, no quisieron que se vieran los desnudos y hubo algún momento en el que el cámara mostraba sólo un rostro o enfocaba unos borrosos sobretítulos para tapar los desnudos (sic). Hoy, sin dictadura franquista, bajo la irreverente postura de la autora, nos encontramos con una absurda paradoja...


Texto y dirección: María Velasco

Intérpretes: Laia Manzanares, Joaquín Abella, Miguel Ángel Altet, Fran Arráez y Beatrice Bergamín

Coreografía: Joaquín Abella

Escenografía: Marcos Carazo

Vestuario: María Velasco e intérpretes

Iluminación: Irene Cantero y Víctor Colmenero

Artes visuales: Elena Juárez

Producción: María Velasco (Pecado de Hybris) y Openfield Business

Estreno en Sala Cuarta Pared - Festival de Otoño 26 al 28 de noviembre de 2020

Duración: 100 minutos

2 comentarios


Invitado
23 may

Hoy, buscando documentación sobre mi obra, me encontré con esta crítica. Nada que objetar, pues las críticas dependen íntegramente de la subjetividad del crítico y de su experiencia del mundo. Solo quiero aclarar, respecto al desnudo, que al no ser el mío propio, cedí la decisión, por ética profesional, a la actriz, que objetó que los materiales de streaming (que carecen de toda la plasticidad y poesía de la puesta en escena) muchas veces se descontextualizan y se usan o instrumentalizan con fines nada artísticos. Esta es la aclaración. A veces puede ser interesante preguntar a los autores/as sobre nuestros porqués. NO A LA CENSURA.

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Jesús Falcón
Jesús Falcón
29 may
Contestando a

Hola, siempre respetuoso con las decisiones personales y, sobre todo, en temas sensibles.

Mi comentario al respecto fue con conocimiento (y a pesar de ello) de las motivaciones que llevaron a esta decisión de suprimir el desnudo en streaming.

Como dices, la experiencia del mundo de cada uno marcan nuestras opiniones y hace ya mucho tiempo que no doy importancia a los desnudos, los considero naturales y exento de prejuicios (máxime en un contexto artístico).

En perspectiva, con todo el mal uso que se realiza en redes, entiendo perfectamente este tipo de decisiones.

Gracias por tu comentario, como siempre.

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