Las amistades peligrosas
Actualizado: hace 11 minutos

La novela epistolar de Pierre Choderlos de Laclos de 1782 ha sido adaptada con mucho éxito al cine, con dos grandes películas como las dirigidas por Milos Forman y más aún la de Stephen Frears. El dramaturgo inglés Hampton la adaptó al teatro (también escribió el guión homónimo del film de Frears) y aquí tenemos la versión dirigida por David Serrano. El resultado me ha decepcionado aunque la fuerza del texto y las buenas interpretaciones han conseguido que no me desligara de lo que veía sobre las tablas.

El argumento, de forma muy resumida, nos cuenta la historia del maduro vizconde de Valmont que busca un estímulo a su anodina vida en las conquistas amorosas que impliquen cierta dificultad para luego abandonar de forma despiadada a sus víctimas. Mantiene una amistad con su antigua amante la marquesa de Merteuil, tan fría como él mismo, inteligente, conocedora de todas sus correrías y la única persona con la que puede compartir la cara oculta de su vida ya que ella misma, aunque como mujer tenga más limitaciones, también disfruta al manipular a los hombres. La marquesa reta a Valmont para que seduzca a la inocente y virtuosa Cécile de Volanges y, a cambio, cederá a sus pretensiones de pasar una noche juntos. Valmont intentará seducir a dos mujeres al mismo tiempo utilizando todas las artimañas que sean necesarias.
La obra es un enredo maquiavélico que va más allá de los lances del Siglo de Oro ya que el objetivo es la conquista misma sin importar las personas que puedan ser dañadas, la falsedad y la mentira son absolutas. Aquí los diálogos son cínicos y el humor negro.
Sin ningún tipo de moralina, nos daremos cuenta al final que el auténtico reto, el que se establece entre los dos antiguos amantes más allá de lo que se dicen, será el único que no ganarán, el que provocará la autodestrucción porque, a pesar de las apariencias, hay restos de sentimientos.
Por eso decía al principio que se sigue con interés esta representación, porque el texto mantiene toda su esencia, los diálogos con frases de doble intención, el enredo despiadado que arrolla a todos los personajes, con unos actores a la altura de sus papeles y excelentes interpretaciones de Pilar Castro y Roberto Enríquez.
El problema de esta obra reside en la dirección y en una escenografía que aplasta cualquier intimidad para hacer creíbles las confesiones sentimentales de sus personajes.
David Serrano dirige la función con bastante dinamismo pero se vuelve en su contra conforme avanza la obra: se produce cierta saturación porque no imagina los necesarios silencios con unos diálogos tan intensos y con los enredos que entrelaza sin transiciones escénicas. La obra necesita respirar, dejar un poso que implique al espectador. Se agradece la pausa en la función que no parecía justificada por la duración de la obra pero que luego resulta necesaria ante tanto diálogo que el director no modera, no dirige con la cadencia que podría mejorar el seguimiento e interés por la obra.
La escenografía es otra piedra en el camino y el desarrollo de la función, un obstáculo que nos aleja a veces de una implicación emocional. En gran parte de la función, los actores esperan a entrar en escena sentados en unas sillas en los laterales del escenario, así que somos más conscientes del artificio del hecho teatral y nos coloca en un tercer plano de observación, nos aleja de lo representado. Además de las sillas y un espejo fracturado en el techo hay, en medio del escenario, una inmensa plataforma con un colchón donde transcurren las escenas de cama con todo el espacio alrededor abierto...
A pesar de los pesares, la obra se sigue con cierto interés.
Texto: novela de Pierre Choderlos de Laclos / adaptación dramática por Christopher Hampton
Versión de Curro Novallas y David Serrano
Dirección: David Serrano
Intérpretes: Roberto Enríquez, Pilar Castro, Ángela Cremonte (o Marta Levenfeld del 9 al 18 de septiembre), Carmen Balagué, Ivan Lapadula y Elisa Scianca
Iluminación: Juan Gómez-Cornejo
Escenografía: Ricardo Sánchez-Cuerda
Vestuario: Elisa Sanz
Sonido: Luis Miguel Cobo
Ayte. dirección: Rómulo Assereto
Producción: Producciones Come y calla
Teatro: Marquina Del 8 de septiembre al 18 de octubre de 2026
Duración: 110 minutos (hay descanso)






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