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Pequeño teatro (1954) de Ana María Matute

  • 18 ene
  • 3 Min. de lectura

Actualizado: hace 1 día


Una novela que resulta atractiva, personajes que sorprenden y una descripción social rural muy bien desarrollada. La prosa de Ana María Matute tiene la suficiente fuerza para que olvidemos diálogos poco conseguidos y algunos recursos melodramáticos. Muy interesante.





En el pequeño pueblo pesquero de Oiquixa de callejuelas azules, casi superpuestas y unidas por escalerillas, vive un niño vagabundo llamado Ilé Eroriak, "pelos caídos", sólo arropado por el anciano Anderea, propietario de un teatro de marionetas. Kepa Devar es el dueño de la fábrica de cemento y de casi todo el pueblo, un rico viudo que vive solitario con su hija Zazu, una hija rebelde, extraña y que espanta a todo pretendiente, si no lo hace su propio padre.

Un día llega al pueblo Marco, un joven que enseguida atrae las simpatías de todos y se hace amigo inseparable y protector de Ilé, un charlatán y cuentista, un arribista pagado de sí mismo... La relación tortuosa entre Zazu y Marco despertará los celos e incomprensión de Ilé.


Algunos temas habituales en la narrativa de Ana María Matute aparecen ya claramente en esta novela, la tercera que publicó pero la primera que escribió y con la que obtuvo el premio Planeta. Aquí ya nos encontramos el realismo social que retrata sin contemplaciones la clase pobre y la burguesía, la pérdida de la inocencia de la juventud y de la infancia, el descubrimiento del amor, la soledad y el desamparo, la frialdad del entorno, cierto pesimismo.


El retrato que hace la escritora del protagonista infantil es impresionante: "Era un muchachito menudo, con un mechón de cabello negro y rebelde, como la crin de un potro, que se alborotaba sobre la frente. Estaba siempre muy sucio, con escamas relucientes pegadas a la piel y a la ropa. Pero tenía los ojos azules, como mar que duerme." "Ilé Eroriak era de cortos alcances, tardo en hablar, y había quien hallaba estúpida su sonrisa.... Sin embargo, había un rayo de luz, fuerte y hermosa luz, que atravesaba el enramado de sus confusos pensamientos y le hería dulcemente el corazón." Una descripción realista y no carente de poética que caracteriza la narrativa de Matute.

Mientras que Ilé es un personaje que nos enternece, que entendemos en sus alegrías y decepciones infantiles, los personajes de Marco y Zazu son imprevisibles, ambivalentes, con facetas oscuras que sólo entrevé el lector. Sorprende la madurez de Ana María Matute a sus 17 años.

La atracción irreflexiva que desencadena amor y odio, cambios en el carácter y una pérdida de cordura es uno de los hilos argumentales.


A lo largo de la novela desarrolla una crítica social contundente: la maledicencia y el cotilleo que juega con el destino de las personas, la hipocresía, el clasismo, la miseria... La falsa caridad tiene un importante capítulo dentro del argumento de la novela.

La estructura social también atrapa en soledad y fracaso a individuos de la burguesía, Kepa en el mausoleo / hogar que ha creado y, sobre todo, la patética vida de Mirentxu, una rica joven llena de fantasías juveniles que llega a la soltería y a una vida consagrada a esa caridad como único horizonte, bajo el estricto tutelaje de su hermana.



Algunos aspectos negativos de esta novela: repetición de ideas, imágenes y recursos (por ejemplo, el uso demasiado simple y recurrente de "como"), algunos diálogos poco verosímiles y un acúmulo de adjetivos desmesurados, excesivos (en algún momento convierten la narración en un melodrama, en su peor acepción). Quizá lo más inconcluso de este relato es la intención de la autora de asimilar los personajes con los títeres que representan los diferentes tipos sociales y humanos.


Os dejo algún ejemplo de párrafos poéticos y significativos:

La mente juvenil y fantasiosa de Marco, en transición a la vida de adulto: "Su cabeza llena de sueños y de mentiras. Las mentiras y los sueños son globos de colores que huyen. Globos de colores que los pájaros pican y que caen, uno a uno, hasta la tierra."

Anderea tallaba sus propias marionetas que, con el tiempo, eran relegadas al estante donde dormía a veces Ilé. "Solamente había un muñeco que resistía al tiempo, como si fuera eterno, porque nadie sabía cuándo nació y no parecía querer morir. Impasible y sonriente, contemplaba la gloria y la ruina de sus compañeros. El anciano le quería y le cuidaba más que a ninguno, porque era su polichinela jorobado que se parecía a él."



"Pequeño teatro" es una novela que sorprende por varios motivos y que no dudo en recomendar aunque no se encuentre entre lo mejor de esta escritora.


Editorial: Planeta

Páginas: 287

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