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Muerte en Persia (1936) de Annemarie Schwarzenbach

  • 18 jun
  • 2 min de lectura

La escritora suiza Annemarie Schwarzenbach nos traslada su atracción por el inmenso y solitario paisaje de Persia y el peso de la soledad en un libro de viajes y autoficción que ella define como un "diario impersonal".






La primera frase de "Muerte en Persia" es una declaración de principios: "El presente libro brindará pocas alegrías al lector" y añade "su tema es la ausencia de esperanza", "lo que aquí se cuenta es, sencillamente, el caso de un ser humano que ha llegado al límite de sus fuerzas..."

La narradora, un alter-ego de la escritora, nos relata su viaje a Persia con el objeto de formar parte de una expedición arqueológica en Rhages, Persia. Sería el tercero de los cuatro viajes que hizo en esta región.


Los dos ejes del libro son el paisaje exótico y cautivante y el estado anímico de la narradora: la extraña belleza que se adhiere al estado psicológico de la aventurera.

La inmensa meseta desértica, el paisaje árido y solitario con el peso de la noche y el sol sofocante. La propia soledad que, de forma puntual, se refugia en el amor de otra mujer pero que no evita el agotamiento vital, la abulia, la idea del suicidio que evitará agarrándose a la presencia física de la vida.

De las noches en el desierto nos dice "noches idénticas, de idéntica sobriedad, de serenidad, tristeza y excitación, suscitadas por el silencio sobrehumano y desapasionado del lugar". Reflexiones como esta, impregnadas de belleza, consiguen que el libro te cautive, con el significado adicional de ser una confesión de la escritura aunque se encuentre desdibujada o camuflada en forma de relato.


Otro de los valores de la autora es su breve observación a aspectos sociales como el ascenso del nacionalsocialismo y la discriminación hacia los judíos y, por otra parte, la valentía de mencionar su relación lésbica en una época en la que no se admitía. La tortuosa vida de Annemarie Schwarzenbach daría para escribir una buena biografía.


Es una lástima que este breve libro sea muy irregular, en estructura y en estilo, con algunos desaciertos propios de un escritor ocasional. En la segunda parte del libro titulada "Un intento de amor" el relato se convierte en directamente confesional al hablar de la relación con Yalé pero, de forma paradójica, la narrativa es titubeante, no profundiza en la relación y escribe unos diálogos bastante torpes.


La autora se deja llevar en algunos párrafos por epítetos dramáticos, incluso lamentaciones, que resultan exagerados, desproporcionados, propios de escritora primeriza. Todo esto intercalado con otras páginas de belleza sobrecogedora... A nivel descriptivo de atmósfera y paisaje le ocurre lo mismo: hay capítulos que son puras anotaciones de un cuaderno de viajes que se repiten sin aportar nada al lector.


Terminaré con otra idea que nos deja la autora: el peligro tangible, real, se puede superar con decisión pero otros peligros no, como la nostalgia del hogar, el árido viento que crispa los nervios... el que no puede definirse, el que no tiene nombre es el que azota el miedo innominado.



Editorial: Minúscula

Páginas (sin posfacio): 145

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