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Canto yo y la montaña baila (2019) de Irene Solá

  • 19 feb
  • 2 Min. de lectura

Narración poética en la que no sólo tienen voz los hombres y mujeres que viven en las montañas del Pirineo, sino también las nubes, las setas, los animales, la tierra... Un canto de la naturaleza con diversas voces que no siempre están a la misma altura pero que nos sorprende, inspira y deja una grata experiencia.







Todo empieza con la tormenta que desatan las nubes y el rayo que mata a Domènec, dejando una viuda, dos niños pequeños y su anciano padre. En primera persona nos hablan las alegres nubes, los corzos, los perros, las brujas (quizá el capítulo menos integrado), las setas trompeteras... Aunque la voz más poderosa es la de Sió, la viuda que se lamenta de forma desgarradora.


En breves capítulos, cada uno con un narrador diferente, se va construyendo un relato de la naturaleza en primera persona. Aunque hay cierta belleza en general, el texto es irregular, unas veces infantil, otras rebuscado, otras de gran inspiración... El nivel expresivo es diferente de acuerdo a la naturaleza del narrador y, en la mayoría de las ocasiones, como lector puedo verlo justificado pero, en otras, lo percibo con carencias y me produce cierto agotamiento por ser básico en exceso. La autora cambia tanto de registro que incluso se permite en algún capítulo un humor simpático o graciosillo, según se mire.

Esta novela me atrapa por la originalidad (lejanamente me recuerda algunos hallazgos de "El claro del bosque" de Marisa Madieri y, seguramente, habrá otros libros con esta misma idea), disfruto con la poética del libro, con el inicio de cada capítulo que te enfrenta a una nueva aventura en la que desconoces quién contará la historia...

Hay un difuso intento de enlazar la historia de los humanos que viven en esas casas perdidas de la montaña, donde los acontecimientos no se relatan de forma lineal. Al buscar una voz en la que el humano no sea protagonista sino uno más con la naturaleza, convierte esas historias en una anécdota y los personajes resultan efímeros y poco trascendentes en la mayoría de los casos. Eso lleva al lector a no tener mucho interés por los personajes.

Uno de los capítulos más originales es "La colisión" en el que la corteza terrestre cuenta su vida, las transformaciones a lo largo del tiempo que señalan el breve paso del hombre por su superficie, todo ello acompañado de dibujos.

Como hecho paradójico, el capítulo dedicado a la poesía no tiene la misma fuerza poética que se desprende de otras páginas.


El canto general es lo que queda después de disfrutar de la lectura, sin demasiadas profundidades pero con la sensación de haber abierto un libro lleno de sorpresas y de belleza.


Recomendable.


Editorial: Anagrama

Páginas: 190


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