Cada día es un árbol que cae
- 23 ene
- 3 Min. de lectura

Entrar en el mundo personal de Gabrielle Wittkop es una experiencia inquietante y no apta para todas las sensibilidades. Las descripciones, aunque en ocasiones poéticas, son morbosas, casi enfermizas. La muerte, la ambivalencia y la maldad impregnan sus páginas. La compleja mente de esta escritora vierte de forma obsesiva ideas e imágenes que dejan una huella en quien os escribe, una extraña fascinación a pesar de los excesos.

La protagonista del relato es Hippolyte, un alter ego de la autora que guarda muchas similitudes con lo que conocemos de ella pero sin saber qué pertenece a la ficción, qué pensamientos son ajenos o propios (como suele ocurrir en cualquier autoficción).
El libro alterna la primera persona con un narrador que se inmiscuye y prolonga los pensamientos que Hippolyte nos confiesa. Hippolyte nos aclara al principio que es un diario imaginario, un relato que inicia un 1 de enero y veremos que abarca un año. Vive en Jaipur, en las dependencias de una casa colonial de un marajá arruinado.
Nada autocomplaciente, Hippolyte se describe de forma cruda: altiva, cortante, analítica, apasionada por la verdad pero también por la disciplina. No se relaciona con casi nadie y en una de sus primeras reacciones se muestra cínica ante una mujer que no para de hablar con ella de banalidades, sólo por ser occidental...
La protagonista se trasladará definitivamente a Alemania tras vivir en otros lugares, sin experimentar cambios existenciales sino un persistente estado anímico y de observación.
"Cada día es un árbol que cae" es el primer pensamiento de la protagonista cuando despierta, cada día es un día hacia el fin, es un árbol que cae, que cae silencioso sin que lo perciba nadie.
En sus 180 páginas hay tal concentración de ideas, imágenes y originales metáforas que he requerido una lectura pausada, detenerme y releer algunos párrafos.. y elegir este libro en un momento de calma.
"Cada día es un árbol que cae" te golpea y hiere, también llega a saturar por las obsesiones cíclicas, los temas recurrentes que impregnan todo el relato. Su voz es áspera y poética, cruel y malvada, no hay alma pura.
Destacaré algunos aspectos del libro: la descripción pictórica y poética del ambiente invernal y decrépito que rodea a la protagonista, sin evadir los detalles de la miseria, la vulgaridad y la suciedad de cada rincón (meados, escupitajos, hedor). Esta es una de las características de su estilo y forma expresiva. Las metáforas no embellecen aquí el texto, lo matizan y, en otras ocasiones, elevan la imaginación descriptiva con otras referencias. Por ejemplo, el tic ocular recurrente del niño agonizante "como el persistente ritmo de una gota de agua", a lo que añade una frase extraña en la que confiesa "una atracción libidinosa"... una compleja psicología la del personaje y la autora.
El recuerdo del tío muerto en un cuarto de baño, desnudo y transportado con dificultad por sus dos hijos, al que dedica una cínica descripción: "el rostro fijado en una beatitud imbécil". Los giros expresivos inesperados, crueles y descarnados son habituales. La muerte de su madre (con la mosca revoloteando), la muerte del abuelo (con el cerebro destrozado por la caída)... Hay un capítulo en relación a los leprosos cuya morbosidad ya resulta excesiva.
La protagonista siente una pulsión obsesiva por lo ambivalente y por la muerte o la intuición de ella: llega a confesar la atracción añadida que supone la idea de un posible suicidio en el juego de la seducción o del amor.
Entre las múltiples reflexiones mencionar una sobre el tiempo y su relatividad que desarrolla al principio del libro (página 20). Entre sus sarcasmos, el relativo al rechazo de su madre desde la infancia y que marcó el carácter de la protagonista: "dio mucha fuerza a Hippolyte, la dotó de una singular aptitud a la autonomía de la felicidad".
La sociedad es un bosque inhóspito para esta mujer, la moralidad y la ética carecen de sentido, lo que importa es vivir mientras los árboles caen.
A cada lector le atraerá o rechazará diferentes aspectos del libro y las interpretaciones tienen un amplio abanico de posibilidades, no todo se entiende hasta sus íntimos significados.
Me deslumbran sus indiscutibles cualidades literarias e intelectuales pero este breve libro resulta agotador, redundante y excesivo en su búsqueda por lo morboso y lo más decrépito del universo que describe.
Y, a pesar de ello, la experiencia ha merecido la pena, mucho.
Editorial: Cabaret Voltaire
Páginas: 183





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